Cada tanto Clara continúa hablándome

criadas 2CLARA: En esta casa se ha matoneado mucho, Señora,
porque nadie ha tenido el coraje de sacar un arma.
Yo tengo mis cucharas.
A los pobres se nos cobra toda la vida,
lo que en una tarde, usted protesta con sus modistas.
Mis ollas.
Podría incrustarle una en su garganta.

La Virgencita tirada de las orejas.

Obligadas.
La modestia ha sido la fusta con la que se nos ha dado.
Y dado.
Obligadas, a justificar la doma.

Pero un secreto se nos escapa de las manos.
Sus vísceras son mi asesinato, Madame.

Antes que el sol le perdone la vida
y su piel de porcelana vuelva a seducirnos,
habremos terminado.

No se ingiere la carne, sino olvidándola.

Nos habremos arrancando sus órdenes de la cabeza.
Ese tono infantil que la rodea.
Que simulamos perdonarle.

El cadalso es nuestra pista de despegue.
Aunque nuestros cuerpos caigan sujetos,
saldremos eyectadas de la soga.

Aquel instante será la gloria.
Empapadas, aplaudiremos su cadáver hasta sacarnos llagas.

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