Acto Tres

ACTO TRES
Cuadro 7:  JUSTICIA
De pie, dentro del inodoro.

CLARA: ¡Por entre los dedos!

SOLEDAD: Nada puede contra ella.

CLARA: Nunca ha sido verdad, la justicia en esta casa.

CLARA: ¡Traición!

SOLEDAD: ¡Precipitación!

CLARA: Llevo una rata muerta en la mano.
Un enorme roedor que mi instinto ha cazado.
Lo hallé merodeando, buscando comida.
En el jardín, Madame bebe su té.
Detiene su mirada, capturo su atención.
Orgullosa exhibo el trofeo. Mi destreza.
La Señora valora mi lealtad.
En el combate he perdido un diente.

SOLEDAD: Hasta el portón.
Corro
Mis manos
los barrotes

Ha ocurrido
El camisón
Otra vez
La mancha

Me he orinado.

Temo regresar
Al reto
de mi patrona
Y temo escapar
A la miseria
de no tener donde llegar

CLARA: Nos hemos revolcado en los excrementos de sus órdenes
y no hay grandeza alguna en ser pobre.

Es una trampa la Redención Eterna.
Un somnífero,
para que no la ataquemos por la madrugada.
Para que, sensatas,
no la ahoguemos con la almohada.

Nos satura de quehaceres,
para que, agotadas,
ni siquiera protestemos ante Dios
cada noche en nuestros rezos.

Somos el plato frío
de una fe construida a las apuradas.
Usted no resistiría ni una sola de sus leyes.
Estaría muerta, antes de que nosotras
alcancemos su cuello.

Desmantelada, la Señora:
es nadie.

Disputarnos las migas
nos ha mantenido en vilo los nervios.
Firmes, los músculos.
Tapiadas por el pecado,
nuestra carne se ha vuelto de puñal.

Mutamos nuestros uniformes en armaduras.
La única gargantilla que pende de su pecho, es nuestro rencor.
Se nos seca la piel,
pero no la furia.
Se nos quiebra la espalda,
pero nunca la revancha.

SOLEDAD: Mis rodillas,
mis horribles rodillas
ajadas
marcadas.

No logra
no consigo
ocultarlas

El delantal
Estiro,
lo tiro
no alcanza
Intento alargarlo.

No queda dobladillo,
era de la otra,
la anterior.
Debió ser enana.

Mis rodillas,
mis horribles rodillas,
mi vergüenza izquierda y derecha.

Todos saben que he sido castigada.
Que he sido, y soy mula.
En la tienda murmuran,
nunca he podido tener
detener
bellas rodillas
perladas
lisas

Frías, ásperas: las mías.

Yo sé que el Coronel mira mis rodillas
No permito.
No permitiré que vuelva a tocarme.

Rodillas para rezar
para fregar
torcer
cazar
mugre y ratones.

Rodillas para quebrar
recoger
la vajilla

Rodillas para vendar,
hematomas para ocultar.

Rodillas
para cavar la propia tumba.

CLARA: Recibió sorprendida el golpe.

SOLEDAD: Nadie la insultó.

CLARA: “La fe requiere de corderos, Señora”

SOLEDAD: Madame rodó escaleras abajo.

CLARA: Las tramperas la recibieron en el piso.
Han cumplido su misión con saña.

SOLEDAD: No alcanzó a tomarse de mis ropas.

CLARA: Hemos arrojado a la Señora escaleras abajo.

Se abren las bases de los cinco vestidos, y caen cientos de cucharas que accionan las tramperas en el piso. Provocan lluvia y rebote de bella muerte.

Cuadro 8: DOMICILIO
Caminando fuera del círculo. Entre tramperas accionadas y cucharas dobladas esparce harina intentando cubrir sus huellas.

SOLEDAD: El cuerpo ha quedado destrozado.

CLARA: Perfecto, para mi gusto.

SOLEDAD: Diré que preparábamos la cena,
y el conejo intentó escapar.

Con la cuchara perfora su vientre, y esparce harina sobre las tramperas.

CLARA: Irás presa por matar a tu hermana.
Confesarás que peleábamos, y tuviste la desgracia de vencer.
Será una gresca entre mucamas.
Una tragedia, que un par de comentarios de sobremesa habrá de sepultar.

No dudarán en hallarte culpable.
La justicia nunca nos ha rozado.
¿Por qué habría de cambiar eso, ahora?

Indagarán poco.
Una simple riña entre muchachas de limpieza.
Nadie saldrá a defenderme.
Se tragarán la píldora, como Madame las tostadas.

No llores,
no estarás mintiendo al declarar la muerte de Soledad,
porque tu naturaleza
se habrá extinguido al posarse sobre ese cuerpo.

Habrás desnacido tu nombre,
para recibir el mío.
Es todo lo que puedo dejarte.
Un nombre.

Es tan descabellado que lo creerán.
Preferirán hacerlo.
Un cadáver enfurecido de ese modo por las tramperas.
Sería imposible hallar piedad en los jueces.
No admitirán semejante ira. No, contra a una Señora.
Nos ahorcarían de inmediato.

SOLEDAD: Los dientes han sido proyectados.
La mandíbula ya no existe.

CLARA: Cada mañana, ante el espejo,
verás reubicarme en tu rostro.
Fortalecer nuestro plan.

En pocos años serás libre.
Y ya nadie podrá separar a Clara,
de Soledad.

SOLEDAD: Quince pasos al paraíso partiendo desde la pérgola.

CLARA: Indicarás a la Policía el sitio exacto donde enterraremos a Madame,
y llorarás incriminándote
por el asesinato de tu hermana.

SOLEDAD: Una Reina sepultada con las ropas de una sirvienta.

CLARA: Enlazarás un rosa en las manos del cadáver.
Eso conmoverá a la prensa.
Un buey arrepentido resulta siempre liberador.

Madame cumplirá su parte.
Estará magnifica en su papel.

Se jactan de adorarla,
pero bastará con ponerle tus ropas.
Nadie oye a las desgraciadas. Y allí habrá una muda.
El espejo no sabrá que ausencia convocar.

Madame bajo tierra, y nosotras asesinas.
¿Qué otro final podía ligarnos?

Cuadro 9:  MUERTE
Con lo que resta de harina en su vientre deshecho, cubre el vestido y finalmente el rostro hasta volverse totalmente blanca.

CLARA: Clara o Soledad, usted me irrita.
Clara o Soledad, me está usted irritando, porque las confundo.
La acuso, aquí y ahora, de todas las desgracias.
El té.
Esa taza, que torpe dejó enfriar, sírvamela.
¡Sírvamela, Clara!, y no me contradiga.
No estoy dispuesta a admitir insolencias.

La muerte es la más fiel de las sirvientas.
¡Obedezca, niña!

Me he colocado entre dos espejos,
y broto hasta el hartazgo.
Profesa mi muerte aquella que no soy,
pero mi mano empuña.
Y asesino a la que frente a mí alumbra
su figura con mi sombra.

Bebe el té y se coloca un arnés. Asciende lentamente.

Rocío
labios de porcelana, luciré.
Arcilla que estanca el vicio,
mi cadáver: la momia

El cuerpo será relleno.
Sumerjo las manos, obedientes;
mi vello,
mi coxis en La Solución.

Domino por fin la embestidura,
la muñeca.
El diablo ha sido perfumado,
la misión.

Endurecida la carne
la parafina invade mi figura.
Mi antigua cáscara completará el arrojo,
el hechizo.

Impávida en el invento,
catapulto mi honor.

Permanecer invicta en cloroformo.
un coágulo,
luego otro.

Descuartizada la matriz,
un frasco la sabrá guarecer

La Solución me fortalece,
una aliada llevo oculta bajo el paño.
Resisto bajo el diluvio.

Natrón,
Tricloros,
Cristales de timol.

Inyectada a sesenta grados en piletones de acero
Me enciendo hacia la gloria.

A mitad del recorrido, se detiene el ascenso.

“Todavía hay mucho por hacer,
todavía hay mucho dolor que mitigar,
todavía hay muchos que sufren”

Se reanuda el ascenso.

¿Qué son seis vestidos?
¿Una tiara para una faraona?
Soportaré las velas del entierro.

Antorchas,
miles de fieles se obstinan en la noche.

Un chispa podría deshacerme,
desfigurar mi prodigio.

Detenida en el otoño,
descubrirán muy tarde las rosas, mi secreto.

Embarazo
embalsamado
embalse amado
el enterrado
ilusionado
esperanzado
esperma alzado
apelmazado

embaldosar
¡Estoy pariendo el grito que me aniquilará!
Embalaje
embajador
embalsamador estrangulador

Lluvia que ostenta la derrota
Permanganato que del cielo quema
Antisépticos claveles urde
Escarapelas y cadáveres

¡Quiero desmayos en mi velatorio!
Sustancia que detiene la putrefacción,
la evita.

Ha llegado a la cima. Un contraluz la envuelve, hasta convertirla en Santa.

Supe que Soledad había estado envenenando a la Señora,
y la furia me envolvió.
¿No se sacrifica, acaso,
al caballo que quiebra sus patas fabulosas?
Mi hermana había saltado una cerca demasiado alta.

Fue imposible detenerme,
permanecer inmóvil.
¿Qué juez podía sentenciarla con mayor claridad?

Hubiese preferido arrancarme los ojos,
antes de ver a mi hermana desfigurada de ese modo por el rencor.
Yo amaba a Soledad.

Los años de servicios habían ya sido suficiente encierro.
La he salvado, arrojándola a las tramperas.
Y he muerto al sobrevivirla.

Porque de eso se trata todo esto:
de amor.

Madame rentaba una habitación a dos cuadras del Sanatorio.
Allí intercambiamos ropas.
Yo debía presentarme antes los médicos durante una hora.
Un jueves, cada quince días.
Simular su arrogancia, lucir sus galas.
Fingir alguna dolencia en la garganta, hablar lo menos posible.

No toleraba que la revisen.
Que violaran su intimidad.

Pero no lo hice,
siempre estuve convencida de mi destino.
Logré envolver a todos con mi actuación.

Esa piedra en el útero,
de la que se jactaba, no le pertenecía.

Nunca tuve el coraje de contárselo a mi hermana.
Habíamos jugado demasiadas veces a ser la Señora de la casa.
Viví mi cáncer delante de sus ojos,
una hora cada quince días.

Ha sido imposible detenerme.

Desciende un marco dorado que la envuelve.

Ya va desmoronándose.
Ya es inseguridad los rasgos que amé.

La muerte no se parece a nadie.

Desciende un espejo que le cubre el rostro. Cientos de reflejos colman la platea.

TELÓN

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s