2011

ET CES GANTS! CES ÉTERNELS GANTS!

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NADIE ESCAPA A SU CARTELERA

Montmartre, Octubre 2011.

DICIEMBRE

 

Yo soy ese niño de cara redonda y sucia

que en cada esquina os molesta con su

can you spend one quarter?

Yo soy ese niño de cara sucia

-sin duda inoportuno-

que de lejos contempla los carruajes

donde otros niños emiten risas y saltos considerables.

Yo soy ese niño desagradable

-sin duda inoportuno-

de cara redonda y sucia que ante los grandes faroles

o bajo las grandes damas también iluminadas

o ante las niñas que parecen levitar

proyecta el insulto de su cara redonda y sucia.

Yo soy ese niño hosco, más bien gris,

que envuelto en lamentables combinaciones

pone una nota oscura sobre la nieve

o sobre el césped tan cuidadosamente recortado

que nadie sino yo, porque no pago multas, se atreve a pisotear.

Yo soy ese aireado y solo niño de siempre

que os lanza el insulto del airado niño de siempre

y os advierte: si hipócritamente me acariciáis la cabeza

aprovecharé la ocasión para robarles la cartera.

Yo soy ese niño de siempre

Ante el panorama del inminente espanto.

Ese niño, ese niño,

ese niño que corrompe el poema con su nota naturalista.

Ese niño, ese niño,

ese niño que impone arduos y aburridos ensayos

y hasta novelas, aún más aburridas, sobre “los bajos fondos”.

Ese niño, ese niño,

ese niño de cara airada y sucia que impone arduas y siniestras revoluciones

para luego seguir con su cara aún más airada y sucia.

Ese niño, ese niño,

ese niño ante el panorama siempre inminente

(solo inminente)

del inminente espanto, de la inminente lepra, del inminente piojo,

del delito o del crimen inminente

Yo soy ese niño repulsivo

que improvisa una cama con cartones viejos

y espera, seguro, que venga usted a hacerle compañía.

(Nueva York, octubre de 1983)

VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

de REINALDO ARENAS

“THE MAIDS” CON JULIAN BECK Y WILLIAM SHARI

Puesta en escena de JUDITH MALINA, 1965

*

Notas para la primera lección

Encontramos una idea que queremos expresar físicamente. Luego, hacemos lo necesario para realizarla. Si requiere ejercicios especiales, los hacemos. Siempre que trabajamos  físicamente descubrimos cosas que nunca podríamos descubrir si nos limitásemos a pensar. Raras veces hemos encontrado tiempo suficiente para ejercitarnos. Apenas tenemos tiempo para hacer lo necesario. Emergencia.

LIVING THEATRE

Julian Beck, 1972

 

JUAN GOYTISOLO

Cuando me adentré por primera vez en el Barrio Chino en 1949 de la mano de un compañero de Universidad aficionado como yo a los libros y experto en las zonas desaconsejadas de la ciudad, La Criolla y los bares en los que anidaba la especie maldita no existía ya.

La red de callejuelas que se extendía del Portal de Santa Madrona a la Calle del Carme albergaba tan sólo numerosos prostíbulos a cinco pesetas por ficha y la miseria reinante no debía diferir mucho de la que conoció Genet.

El célebre burdel de Madame Petite, en el que posiblemente se inspiró al componer Querelle de Brest (“La Feria” de Madame Lysiane), era una sombra de sí mismo, y la progiene de las execradas en público (y apreciadas por algunos en privado) ocultaba su maquillaje, abanicos, peinetas y faralaes a los ojos del ciudadano “decente”.

GENET EN EL RAVAL

Galaxia Guttenberg, 2009

Kermesse

 

 

 

Auditorio del Partido Comunista Francés.

Construído por Oscar Niemeyer.

París.

6

 

 

NOS CREYÓ RETRAÍDAS, LA SEÑORA, ¿VERDAD?

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Incluso algo idiotas. No lo niegue.
Al servirle la cena apuntábamos a su cabeza.
Y retirábamos el plato, con la certeza de haberle disparado entre los ojos.

GENET EN EL RAVAL

de JUAN GOYTISOLO

Editorial Galaxia Gutenberg

http://www.libreriacomplices.com/libros/genet-en-el-raval/978-84-8109-825-9/

CINCO EVITAS

*

1952

*

GENET Y FOUCAULT

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HURLEZ SI VOUS VOULEZ

from “Les bonnes” de Jean Genet.

david-o.net
Director: David Olivari
Scenography: Amelie Nouraud
Musician: Guillaume Allory
Comedian: Éléonor Baly
Comedian: Valentine Carette
Comedian: Anaïs Lévêque
Comedian: Stéphanie Loyez
Comedian: Alexandre Morand
Comedian: Manon Vincent
Musician: Sylvain Etchegaray
Musician: Alexandre Morand
Music: Absinthe Provisoire

FRENTE A LA MATERIA, EL TALENTO ES CORTESÍA

Jean Genet

TRES VERSIONES

Extracto de la pieza teatral “Las criadas”
Actrices: Sandra Olivé y Gemma Pellicer.
Edición: Cristóbal Garrido.

*

Montagem do Grupo Confraria Tambor.
A peça será apresentada Dia: 20 de Novembro de 2009  no Teatro Rondon Pacheco na Cidade de Uberlândia.
Recomendado para Maiores de 16 anos.

*

cu/mit Olga Diana Torok & Ioana Iacob, Scenografia/Buhnenbild: Ioana Popescu, Muzica/Musik Alex Halka, trailer Andrei Jecza
Teatrul German de Stat Timisoara/ Deutsches Staatstheater Temeswar

LEOPOLDO MALER. MÁQUINA DE ESCRIBIR MODIFICADA

 

En este diario no quiero ocultar las demás razones que me hicieron ladrón, la más simple de las cuales fue la necesidad de comer; sin embargo, en mi elección no intervinieron jamás la rebeldía, la amargura, la ira ni cualquier otro sentimiento parecido. Con maniático esmero, “celoso esmero”, preparé mi aventura como se prepara un lecho, una habitación para el amor: el crimen me enceló.

JOURNAL DU VOLEUR, Jean Genet.

1949

TERCER ACTO


Embalaje embajador embalsamador
estrangulador

Lluvia que ostenta la derrota
permanganato que del cielo quema
antisépticos claveles urde
escarapelas y cadáveres
¡Quiero desmayos en mi velatorio!
Sustancia que detiene la putrefacción.
La evita.

DEBAJO DE SUS PALABRAS, DEBERÍA INSTALARSE UNA CREMALLERA.

ALBERTO GIACOMETTI

Retrato de JEAN GENET 1954-1955

Septiembre de 2012

FUNDACIÓN PROA

“THE MAIDS” BY JEAN GENET

“ELLA” DE JEAN GENET

1

Alan Cumming

Vestuario: Vivienne Westwood

Dirección: Nick Philippou

The Zipper Factory Theater

2002

*

Otra Compañía:

Teatro da Cornucópia, Lisboa

2011

BARCELONA, HOTEL SIXTY TWO

Mesita de noche

EL RAVAL, BARCELONA

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“Frecuentábamos la calle del Mediodía y la del Carmen. Dormíamos, a veces, seis en una cama sin sábanas, y desde la madrugada íbamos a mendigar a los mercados.
Salíamos del Barrio Chino y nos dispersábamos por el Paralelo, con un capacho al brazo, porque las amas de casa nos daban con más facilidad un puerro o un nabo que una perra.
A las doce volvíamos, y con el fruto recogido nos preparábamos la sopa.
En Barcelona ví esas parejas de hombres en que el más enamorado decía al otro:
-Hoy cojo yo el cesto.
Cogía el capacho y salía. Un día, Salvador me arrancó suavemente de las manos la cesta y dijo:
-Voy a pedir limosna por ti.
Nevaba”.

Jean Genet. Barcelona, 1932. Journal du vouler.

JEAN GENET Y ALLEN GINSBERG

1

Chicago Democratic Convention. Agosto de 1968.

"Es la luna que desaparece. 
Son las estrellas que se ocultan, no yo. 
Es la Ciudad que se esfuma, yo me quedo 
con mis zapatos olvidados, 
mis medias invisibles 
Es el llamado de una campana". 
ALLEN GINSBERG

DOPPELGANGER

Doppelgänger  es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva.

La palabra proviene de doppel, que significa “doble”, y gänger, traducida como “andante”.

Su forma más antigua, acuñada por el novelista Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, ‘el que camina al lado’.

El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al “gemelo malvado” o al fenómeno de la bilocación.

MICHEL FOUCAULT

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ETIMOLOGÍA

La palabra proviene de mukama, voz de la lengua africana quimbundo, con el significado de “esclava que es amante de su señor”.

Como el quimbundo se habla en Angola, de donde provenían buena parte de los esclavos traídos de África, tanto a Brasil como a Cuba, es probable que mukama haya ingresado directamente desde el Continente Negro.

DIRK BOGARDE

EL SIRVIENTE

Con Dirk Bogarde, James Fox y Sarah Miles

Guión: Harold Pinter

Dirección: Joseph Losey

1963

GERMÁN WENDEL

Nenito fifí

Museo Evita. Lafinur 2988

NACHA GUEVARA

EVA, el gran musical argentino

Libro: PEDRO ORGAMBIDE – NACHA GUEVARA

Música: ALBERTO FAVERO

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LAS DAMAS DE BENEFICENCIA

Teatro Maipo, 1986

.

ULTIMO DISCURSO

Montaje para televisión, 1986

RODOLFO WALSH

rodolfo_walsh

Rodolfo Walsh lee “ESA MUJER”, parte 1

.

Parte 2

NO QUEDABAN FLORES EN LA CIUDAD

“Mi crimen es lo bastante grande, como para que yo diga lo que es” CHRISTINE PAPIN

DANIEL SANTORO.

SANG-FROID

Las Doncellas Diabólicas

 Las hermanas Papin: un crimen que conmocionó el Paris de los años treinta.

Ambas asesinaron a las señoras de la casa dónde servian. No sin antes inflingirles terribles torturas.

Un relato realmente horripilante …
LA FECHA ERA UN 2 DE FEBRERO DE 1948

El señor René Lancelin, abogado de justificada fama y residente en la ciudad de Le Mans en Francia terminaba su diaria labor. Los papeles de juicios pasados y resueltos eran amontonados meticulosamente en los archivos por su secretaria. René Laneelín tenía fama por su capacidad profesional.  De cada cien casos llevados en su bufete, noventa y cinco eran victorias para él.

René Lancelín se encontraba en una magnífica posición económica. Las cuentas de ahorros en diversos bancos eran amplias y de muchas cifras. Sus dividendos eran invertidos en propiedades de buen usufructo. Todo lo cual le permitía ir acumulando una verdadera fortuna. Vivía con su esposa Jeannete y una hermana de ésta.

El matrimonio, ya en su cuarentena avanzada no había tenido hijos y habían perdido la esperanza de lograrlos. Por eso vivía con ellos la más joven de las hermanas de Jeannette Lancelín, llamada Esther.

El matrimonio poseía una sólida casona colonial en una de las calles más céntricas de la ciudad. Una de las pasiones del abogado Lancelín era el atesoramiento de obras de arte. Era su pasión favorita y casi todas las tardes, cuando terminaba su trabajo, partía en busca de diversas tienduchas ubicadas en los barrios más lejanos de la ciudad en busca de tesoros escondidos.

Generalmente tenía suerte y aquella tarde en especial pensaba en su pasatiempo. Había ganado un juicio delicado, costoso y largo que llevara varios meses en la Corte. Se sentía satisfecho consigo mismo y deseoso de brindarse una pequeña recompensa. Muy lejos estaba el abogado Lancelín de la realidad que le esperaba aquella horrible tarde. La realidad de un hogar deshecho y de un crímen de increíble brutalidad … en su propia casa.

Pero remontémonos un poco en el pasado. Jeannete Lancelín padecía de fuertes dolores de cabeza. Los médicos lo habían diagnosticado como nervioso y le recetaron que descansara muchas horas al día con compresas de agua helada en la frente. Esto hizo que tomara los servicios de dos criadas. Generalmente los trabajos de su hogar eran realizados entre ella y su hermana Esther. Pero, consintiendo a los requerimientos de su marido, preocupado por su salud, la señora decidió buscar servidumbre. Poco tiempo tardó en conseguirla.

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Colocó un anuncio en los periódicos. Aquella misma tarde recibió la visita de dos hermanas que lucían como gemelas. Se trataba de las hermanas Lea y Christine Papin, ambas campesinas francesas recién llegadas a la ciudad. Uno de los requisitos indispensables que la señora Lancelín pedía en su anuncio eran las “referencias.” Desgraciadamente, las hermanas Papin carecían de referencias. Esto hizo que en la entrevista la buena señora se mostrara indecisa en colocarlas.

Fue entonces que Lea, la mayor de las dos hermanas con 18 años tocó un punto flojo en su alma. Un punto que le costaría la vida. “Señora, somos honradas campesinas y decentes, necesitamos el trabajo para ayudar a nuestros padres” -dijo Lea-. La señora Jeannette Lancelín había sido una campesina acomodada ella misma. Tuvó la suerte de ser enviada a la Universidad mediante los ahorros de sus padres. Allí conoció al que, actualmente era su esposo. Sus recuerdos de campesina y su alma sencilla y buena se conmovieron ante la sinceridad de las hermanas Papin.

Ambas quedaron colocadas. La otra Papin se llamaba Christine y tenía apenas 16 años. Ambas eran tan parecidas y de tan idéntica constitución física que, en muchas ocasiones, fueron tomadas por hermanas gemelas. De ésta forma entraron las “Doncellas Diabólicas” en el hogar de los Lancelín.

“¿Para qué dos … ? Con una basta” diría más tarde el abogado. “Querido, entre las dos cobran el salario de una. Son campesinas y decentes” argumentaba su bella esposa. El abogado Lancelín no tenía la costumbre de oponerse a los deseos de su querida conyuge, y mucho menos ahora que se encontraba enferma. Incluso él mismo se culpaba de su estado físico debido a que eran incapaces de tener familia.

“Sentí algo extraño, un presentimiento en mí desde que las ví …” diría tiempo después el abogado en el juicio. Pero ya era muy tarde.

Y ahora volvamos a la fatídica tarde. El reloj del campanario en la Iglesia más cercana dió las seis campanadas. El abogado Lancelín recogió los papeles más urgentes guardándolos en su cartera. ¿Iría a comprar su silla de la época del Rey Sol … ? Sí. Tenía tiempo. No acostumbraba a llegar a su casa antes de las siete y media. lo cual le daba un margen de hora y media. Se guardó la chequera en el bolsillo y partió hacia la tienducha de antiguedades. y mientras tanto …

-¿Crees que debemos pagarlo … ?
-No sé … tengo miedo …

Eran las hermanas Papin. Hablaban sobre un tema que al parecer lucía nimio … el uso de la plancha al vapor.

En días pasados la plancha sufrió un desperfecto. Arreglada, la misma la señora Lancelín les advirtió que no la usaran “privadamente” ya que podía repetirse el desperfecto. Las hermanas Papin usaban la plancha para sus ropas personales a escondidas de la dueña de la casa cuando el desperfecto se repitió. Y para colmo de males los fusibles de la casa volaron dejándolas a oscuras.

Las campesinas estaban aterradas. No sabían qué hacer o que decisión tomar con la plancha. En cualquier momento podía llegar la señora y su hermana de las tiendas. Aún discutían sobre el siguiente paso a tomar cuando se abrió la puerta de la casa.

-La señora … – susurró Lea.
-Estamos perdidas- sollozó Christine.

A la mente de ambas muchachas vino el recuerdo de su hogar. Allí ambas eran golpeadas día y noche por una madre desnaturalizada y sin el menor motivo. Este fué el punto de partida de la tragedia que ya rondaba a la la residencia del abogado

Las hermanas Papin estaban traumatizadas. Habían escapado de su hogar después de darle una soberana paliza a su madre dejándola ensangrentada en el suelo. La madre en aquel momento, casi un mes después del suceso, aún permanecía entre la vida y la muerte en el pequeño hospital público de su aldea natal.

Lea, que era la más decidida tomó el mando. Su expresión era de furia demoníaca cuando se plantó tras de la puerta.

-Si me dice algo .. .la mato- susurró.

Christine guardó silencio. Temblaba de piés a cabeza mientras que los pasos de la señora Lancelín y su hermana se sentían en la escalera.

-Vienen hacia aquí … – grito Christine.
-Cállate- susurró su hermana. –

Las señoras conversaban sobre el apagón. Sus voces sonaban airadas. Por lo menos ésto pensaron las hermanas Papin. Penetraron en la habitación llevando un candelabro de bronce labrado entre ellas. Una pesada pieza perteneciente a las antigüedades del abogado.

-Allí estás … pequeña estúpida, no te dije que no usaras la plan … Jeannete Lancelín jamás llegó a finalizar la frase. Lea dió un grito horroroso. Un aullido de animal salvaje. Un sonido demoníaco que escapó de lo profundo de su mente torturada por los recuerdos de lo sucedido con su madre. Saltó sobre Esther que permanecía paralizada por el terror y el asombro.

-Dios mío … estás loca … – gritó Jeannette retrocediendo y soltando el candelabro que se estrelló en el piso. Las velas se esparcieron por entre las piernas de las mujeres que batallaban.

Resplandores demoníacos escapaban de las pupilas de Lea.

– Te arrancaré los ojos … te los arrancaré.:.- jadeaba Lea.

El más espantoso quejido escapó de los labios de la hermana.

-Estoy ciega … ciega … – gritaba Esther cubriéndose las pupilas con las manos. Dando tumbos. Buscando un apoyo. Extendió el brazo y su mano dejó un rastro de sangre en la blanca pared sobre la cal. Algo cayó al suelo … -Mis ojos … me arrancó los ojos … aullaba Esther.

Mientras tanto Jeannete luchaba a brazo partido con la otra Doncella Diabólica.

-No … no por favor … nooo- gritaba Jeannete. Lea seguía llevando el control de la horrible escena de mutilación. De sangre y dolor. Miró a su hermana como si pudiera hipnotizarla.

-Arráncaselos … – silabeó sordamente. Un nuevo gemido. Un estertor de muerte. Y finalmente el bramido de una persona que siente como fuertes uñas se introducen en sus cuencas visuales arrancando de raíz los globos de los ojos.

No se puede mostrar la imagen “https://i2.wp.com/www.misteriosdelfuturo.info/images/stories/asesinos/papin4.gif” porque contiene errores.Las dos hermanas Lancelín estaban ciegas. Las dos gateaban sobre los coágulos de sangre en el piso. Tanteaban las paredes, los muebles. Por doquier la sangre corría como agua. De sus ojos vacíos brotaban chorros rojos y espesos. Esparcidos en diversas direcciones los gelatinosos globos oculares con una expresión de terror aún retratados en ellos.

Lea y su hermana reían como dementes. Intercambiaban excitadas palabras entre ellas.

-Tenemos que matarlas … tenemos que matarlas- pedía. Christine.

Lea se fijó en el candelabro. Lo tomó sopesándolo. Al instante saltó sobre la señora Lancelín que perdía y recuperaba sus sentidos alternativamente. Comenzó a golpearla en el cráneo. la mujer se retorcía lanzando ayes de dolor ante el nuevo ataque. El crujido de huesos demostró que su cráneo estallaba en pedazos.

-Noo … no la mates … – Era la voz de Christine deteniendo a su hermana. Lea se detuvo con el candelabro en el aire. El bronce se veía opaco y purpúreo con la sangre fresca que goteaba de él.

– Todavía no … hay que hacerlas sufrir … sufrir … Lea estuvo de acuerdo.

Siete de la tarde. Frotaba las manos inclinando su jorobada espalda.

-Ni un franco más de lo dicho, decía el abogado.
-Está bien licenciado, la silla es suya .. ”

Los dos hombres se daban la mano. De repente Lancelín comprobaba la hora en su reloj de bolsillo. -Debo marcharme, le ruego que me la envíe con mucho cuidado a mi dirección- decía mientras que firmaba el cheque. El hombrecillo le acompañaba hasta la puerta. -Por supuesto licenciado … llegará en perfectas condiciones.

Siete y quince minutos. Lancelín llegaba al portón de su casa. Antes que nada sentía que algo extraño estaba sucediendo. En toda la casona no se veía una sola luz. En contraste, las casas vecinas estaban completamente iluminadas. El invierno que se marchaba hacía que a las cinco y media ya fuera de noche oscura.

El abogado buscaba la llave abriendo la puerta. La casa estaba en completo silencio. Un silencio mortal. Teniendo en cuenta que generalmente su esposa venía a recibirle inmediatamente mientras que la hermana le preparaba un buen lugar junto al fuego, aquello era sospechoso.

¿Dónde podrían estar … ? Un quejido … un simple quejido desde el dormitorio … El abogado sintió que la sangre se le paraba en el corazón. y comenzó a ascender la escalera lentamente, iluminándose con su mechero de bolsillo.

Sin saber lo que le podía esperar en aquellas tinieblas que le rodeaban por todas partes. Y en el preciso momento en que el abogado, una media hora antes se despedía del vendedor …

Lea tenía un martillo. Más bien era una especie de cuchillo con una punta redonda y romo en el extremo opuesto. Mientras que su hermana se había conseguido una Punta de lanza en la colección de antigüedades de su amo. Con estos instrumentos se daban gusto en terminar su horrible, su siniestra tarea de doble asesinato. Aquello más bien era una cámara de torturas. Lea, a instancias de su hermana no había terminado la labor de asesinato en la persona de su ama. Pero, por alguna increíble resistencia interior, ésta, a pesar de estar casi desangrada por las cuencas vacías en las cuales colgaban las puntas de los tendones y nervios arrancados y de tener el cráneo roto a la altura de la frente … sobrevivía.

No había manera de reconocerla. Era todo sangre. Su rostro era una masa sanguinolenta en diversos tonos. Lea se divertía persiguiéndola. Riendo como una loca. Con el martillo en la mano.

-Por favor … mátame … mátame … sollozaba la señora Lancelín. Lea reía más fuerte. Lejos de matarla, la golpeaba en los lugares en que sabía que la muerte no llegaba. Le partía metódicamente las Clavículas, los fémures, las costillas.

A cada golpe sordo, seguía el siniestro chasquido de algún hueso que se despedazaba. La señora Lancelín cayó desmayada un par de veces. Lea la levantaba introduciéndole la parte aguda de su instrumento de tortura en sus partes íntimas.

El cuadro de horror cesó cuando finalmente Dios tuvo misericordia de aquel despojo humano que, con un último estertor cayó para no levantarse nunca más. Esto desesperó a Lea. Se convirtió en una verdadera fiera. Pateaba, aullaba, gritaba y saltaba sobre la muerta.

Finalmente se abalanzó sobre el cadáver clavándole los dientes profundamente en sus partes sexuales. Arrancándole las ropas para cometer el más horrendo acto sexual con la muerta. Su hermana Christine se le unió en el cuadro demoníaco. Las dos abusaban sexualmente de la muerta. Mientras que una destrozada Esther se arrastraba penosamente en busca de ayuda.

Ambas Doncellas Diabólicas se olvidaron por completo de Esther. La muchacha, a pesar de estar ciega y acribillada a heridas con el afilado punzón que usaran sobre ella, se las arregló para arrastrarse hasta la puerta. En el colmo del estoicismo, logró encontrar los restos de sus destrozadas ropas en el piso. Con las mismas formó dos tapones cubriéndose con inmenso dolor los nervios al desnudo de sus cuencas vacías para evitar el desangramiento total. Y así se arrastró hacia la escalera …

El abogado Lancelín al principio no supo lo que era. “Pensé que era un perro herido o algo similar … diría después. Lo que venía, cayendo de escalón en escalón, dejando manchas rojas de sangre caliente, era el despojo de su cuñada. La muchacha elevó su mano hacia él en un mudo gesto.

No le había visto … pero lo presintió al final de la escalera. El abogado vomitó de miedo, de asco y horror cuando vió los trapos sucios amontonados en las cuencas vacías de los ojos. Por fin logró reponerse y corrió a auxiliarla.

Ya era muy tarde … Esther acababa de fallecer entre sus brazos. Tuvo tiempo de pronunciar una última frase … “las Doncellas Diabólicas … “, susurró antes de expirar.

El señor Lancelín, como todo hombre de provincias, era extremadamente supersticioso. Más tarde, se le reprocharía el no haber acudido en ayuda de su esposa sacrificada en aquel matadero sangriento que era su dormitorio. Sin embargo hay sus atenuantes. El abogado desconocía el horror que le esperaba allí… Jamás pasó por su mente que semejante sadismo y destrucción sangrienta pudieran partir de las manos de un par de doncellas jóvenes y campesinas.

No se puede mostrar la imagen “https://i2.wp.com/www.misteriosdelfuturo.info/images/stories/asesinos/papin7.gif” porque contiene errores.Lo cierto es que abandonó la casa a todo correr. Que buscó la ayuda de la policía abandonando a su esposa en el momento crítico. La autopsia del forense reveló que Jeannette había muerto antes que su hermana. Sin embargo, esto no exoneró de culpas morales al abogado Lancelín, que poco después del juicio de las Doncellas Diabólicas abandonó la ciudad para siempre. Pero nos adelantamos a los acontecimientos.

El Inspector Logre no podía explicarse lo que sucedía. Por más que se afanaba, le era imposible encontrar conexión en las palabras balbuceadas por el conocido abogado Lancelín. “En cierto momento pensé que estaba borracho” diría.

Por fin, la sospecha y su sexto sentido de la profesión le hicieron dejar al hombre a cargo de un médico de la Jefatura policial y correr a la casa con dos gendarmes. “No podía creerlo. Jamás en la vida ví tanta sangre junta. Era un matadero en plena actividad. Sangre en los pisos, sangre en las paredes. Rastros de sangre por doquier. El olor era insoportable.”

Las hermanas conocidas como las “Doncellas Diabólicas” en el futuro, fueron encontradas en su habitación. Estaban desnudas, acostadas en la cama y fuertemente abrazadas. No le hicieron la menor resistencia a la policía. Solo pidieron el tiempo suficiente para “limpiar la sangre de sus cuerpos y manos.” Esto les fué concedido.

El juicio en la Sala de lo Criminal de la ciudad en Le Mans duró apenas cuatro horas. En este tiempo, ambas hermanas se confesaron autoras del delito. Lo hicieron con toda tranquilidad. Explicaron minuciosamente la forma en que habían destrozado a las señoras. Y, finalmente, cuando se les pidió que dieran el motivo que tenían para semejante crimen, se encogieron de hombros. “Creo que teníamos miedo” dijo Christine. “Me acordé de mamá” estableció Lea.

El público guardaba el más espeso y aterrorizado silencio al final de aquella serie de relatos. Las pruebas ensangrentadas eran nauseabundas. Más de un espectador abandonó la sala de justicia para vomitar.

El Jurado se retiró a deliberar a las cuatro y treinta de un 22 de Febrero. Diez minutos después tenían el veredicto. “Culpables de asesinato en primer grado sin atenuantes.” Ambas fueron condenadas a la horca vil.

Sin embargo, el hecho de ser mujeres les salvó la vida. Fueron conducidas a la prisión de Paris en donde pasaron cuatro años. Al cabo de ellos, Lea se suicidó cortándose las venas con un cristal. Mientras, su hermana fué trasladada a un asilo … completamente loca.

Este fué el terrible final de … “Las Doncellas Diabólicas.”

LEA Y CHRISTINE PAPIN CAMINO A LA CORTE

1933

El 2 de febrero de 1933, al anochecer, el señor Lancelin -abogado y vecino de la pequeña ciudad de Le Mans, al noroeste de la llanura central de Francia- corrió alarmado a su domicilio de la calle Bruyère.

Desde su despacho había llamado repetidamente por teléfono a su mujer y a su hija sin obtener respuesta. Era de noche cuando llegó. La puerta principal de la casa tenía el cerrojo echado por dentro y la de servicio había sido atrancada. Envolvía al edificio un silencio impenetrable. El interior estaba a oscuras. Sólo una débil luz se escapaba por las rendijas de la ventana del cuarto de las criadas -procedentes de un arrabal campesino- Christine y Lea Papin, que llevaban siete años al servicio de la familia Lancelin.

Los policías Ragot y Verité forzaron la entrada y penetraron en la casa. He aquí, en su seco lenguaje, lo que vieron: “Los cadáveres de la señora y la señorita Lancelin yacían en el suelo espantosamente mutilados; el cadáver de la señorita estaba boca abajo, con las faldas subidas y las bragas bajadas y tenía grandes heridas en los muslos; el cadáver de la señora yacía boca arriba, con los ojos arrancados, sin boca ni dientes. Las paredes estaban cubiertas de cuajarones de sangre. En el suelo había huesos, dientes arrancados, un ojo, horquillas, botones, un llavero y un paquete deshecho“.

Un “gesto” mortal

Los gendarmes forzaron la puerta del cuarto de las criadas. Las dos hermanas, desnudas y abrazadas, estaban acostadas en una de las camas. En sus brazos había sangre seca.

Ante el Comisario de Policía se confesaron autoras del crimen sin el menor nerviosismo. Christine lo narró así: “Cuando la señora entró le dije que no me había dado tiempo a repasar la plata. Entonces ella, intentó atacarme y yo le arranqué los ojos con lo! dedos. Mejor dicho, yo no salté contra la señora, sino mi hermana; yo ataqué a la señorita Genevieve y fue a ella a quien arranqué los ojos. Lea fue quien arrancó los ojos a la señora. Yo bajé a la cocina y cogí un martillo y un cuchillo. En una mesita había una mano de almirez y la empleamos también. Mi hermana y yo nos intercambiamos varias veces los instrumentos… No me arrepiento de nada, o no sé si me arrepiento. Prefiero haberlas matado antes de que ellas nos mataran a nosotras. No hemos premeditado nada. No odiaba a la señora, pero no toleré el gesto que tuvo conmigo“.

Este gesto, de singular relevancia en el espeso misterio que desencadenó la carnicería, fue un simple “¿Y bien?” pronunciado por la señora Lancelin para pedir a Christine explicaciones de por qué no habían planchado la ropa.

La propia Christine añadió sobre la inquietante endeblez del motivo: “Nada teníamos contra ellas. Hace demasiado tiempo que somos criadas, eso es todo. Tuvimos que demostrar nuestra fuerza“.

Las dos hermanas, sorprendentemente dueñas de sí mismas durante los interrogatorios, se derrumbaron súbitamente en el momento de ser separadas. Se entrelazaron y hubo que emplear la fuerza para desanudar su abrazo. Entre alaridos fueron encerradas en dos celdas individuales.

Según los informes periciales, eran vírgenes y jamás tuvieron ningún tipo de relación con ningún hombre. “Cada una vive únicamente con la otra pero en este afecto no hay razón para encontrar razones de tipo sexual. No hay indicios de niguna anomalía física o mental en ellas.

Las hermanas, de 28 y 24 años, perdieron el ciclo menstrual a partir del día del crimen.

Búsqueda de un móvil

El juicio de las hermanas Papin, celebrado en la Audiencia de Le Mans, creó en la opinión pública francesa una sorda sensación de malestar. En las ramificaciones de un hecho tan excepcional como éste fue imposible encontrar ni un solo indicio de excepcionalidad. Se acumularon en miles de legajos, uno sobre otro, infinidad de detalles cotidianos atrozmente comunes, que eran tanto más insoportables cuanto que cualquier familia con una criada a su servicio reconocía como propios.

De esta manera, el móvil de uno de los actos más salvajes de que hay noticia tenía que ser rebuscado entre los entresijos de la vida en un hogar cualquiera de la burguesía tradicional europea. Por ejemplo, los guantes blancos que la señora Lancelin usó una vez para comprobar si había polvo en los muebles después de una limpieza adquirieron la magnitud de los grandes nexos causales en los grandes acontecimientos. Un papel en el suelo, un gruñido, una mirada insolente, un cruce hosco en la escalera, el silencio de paredes adentro, ese “¿Y bien?” mortal.

Eso era todo: ningún rastro de, odio, ninguna pasión, ni un solo acto despiadado, duro o sojuzgador, ninguna cualidad.

Los Lancelin eran personas deferentes y su comportamiento con las hermanas Papin entró siempre en los límites establecidos de la corrección. Por su parte, las hermanas Papin eran tímidas, introvertidas, dóciles y aceptaban su condición. No se registró en las complejas interrelaciones existentes entre las cuatro mujeres ni un solo acto generador de violencia, un despecho que deje rastro, una anomalía persistente nada. O al menos nada susceptible de ser aislado del conjunto de sus vidas, lo que dio inesperadamente a éstas, consideradas como totalidad, la oscura, inaceptable función de sustituir al móvil.

El edificio jurídico occidental se resquebrajó: una vida, la totalidad de una existencia, se erigía insolentemente como una carcoma en los subterráneos del derecho procesal, en causa profunda, más allá del alcance de los códigos.

Las últimas huellas

El periodista Louis Martin Chauffier escribió en Vu: “Quisiéramos entender, pero es inútil intentarlo. Se trata, más que del horror del doble crimen, del carácter alucinante del caso, del denso misterio que lo envuelve. Durante 13 horas jueces, abogados, jurados y público no han dejado ni un solo instante de estar obsesionados por esta angustiosa e insoluble cuestión: ¿cuál puede ser el móvil de tan salvaje matanza? Jamás hubo una audiencia más banal en su desarrollo, más despojada de incidentes, más desnuda. Y los rostros impasibles de las hermanas, ajenas al debate, ¿no están privados de vida en la medida en que su vida está volcada hacia dentro? ¿No fue aquel 2 de febrero el único momento de su lúgubre y honesta existencia en que salieron fuera de sí mismas y escapó de ellas ese mortal furor que, sin saberlo, dormía en su pecho?“.

Jamás se descubrió móvil alguno del crimen. El fiscal basó su alegato en la imagen de dos perras rabiosas que muerden la mano del amo que les da de comer. Los defensores coincidieron en la rutina de irresponsabilidad por demencia. Los jueces, perplejos, impotentes, se vieron forzados a sentenciar sin convicción, en la misma frontera del absurdo: pena de muerte, conmutada por reclusión en un manicomio, a Christine, y 10 años de cárcel a Lea.

Las hermanas no quisieron recurrir la sentencia y se negaron en rotundo a dar las gracias a sus abogados defensores.

Su madre, que las puso a trabajar como criadas desde la adolescencia, fue a visitarlas a la cárcel. Sus hijas no se inmutaron, no contestaron a ninguna de sus preguntas y la llamaron Madame, como a la señora Lancelin.

En el manicomio de Rennes, donde la internaron, Christine se negó a comer y, poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, murió de anemia. Su informe se perdió en el incendio del manicomio, a causa de un bombardeo de la aviación aliada durante la ocupación nazi.

Lea salió de la cárcel el 3 de febrero de 1943, décimo aniversario de su crimen. Sus huellas se pierden por completo en los ojos del guardián de la prisión, que fue el último en ver su menuda figura enlutada alejándose de allí con una maleta en la mano.

Resumen del informe que el Doctor Le Guillant publicó en 1964 en la revista “Les Temps Modernes”

CRIATURAS CELESTIALES

 Kate Winslet, Melanie Lynskey

Dirigidas por Peter Jackson

HERMANOS GEMELOS CON UN MES DE DIFERENCIA

Ésta es una historia de preocupación, sudor y esperanza. Dos bebés gestados en el mismo embarazo han nacido con un mes de diferencia entre ellos, en partos ambos prematuros. En el Hospital Mangiagalli de Milán, Nadia Rizzi ha debido de pasar lo indecible: parir dos veces en el espacio de un mes, y temiendo por la vida de sus pequeños.

Gregorio, el primero en nacer, sólo esperó a la semana 24 de gestación (apenas en el quinto mes). Tenía sólo 650 gramos de peso e inmediatamente fue atendido en cuidados intensivos, pasando las primeras diez semanas de su vida en incubadora. Justo un mes después, el 18 de abril, quiso nacer su hermano Leonardo, con un peso bastante mejor (1,5 kg).

Los gemelos comparten el útero en un mismo embarazo, ya que usualmente, aunque no necesariamente, son concebidos a la vez y nacen casi al mismo tiempo. Pueden darse horas, a veces un par de días entre los partos. Pocas veces se ha visto que la distancia entre el primero y el segundo, en un parto doble, fuese de treinta días, y ¡exactos!

Desde el principio fue un embarazo complicado. Habitualmente en estos casos, la prioridad es salvar al menos al bebé más fuerte. En este proceso, los pequeños han aguantado muy bien incluso siendo tan adelantados. Además de la enorme casualidad, ha supuesto un reto médico, puesto que los asistentes al primer parto tenían que cortar el cordón umbilical del pequeño y permitir que continuara la gestación para el segundo. Hubo que administrar a la madre medicamentos que bloquearan las contracciones, así como antibióticos, para asegurarse de que el bebé podría seguir creciendo y alimentándose sin problemas.

Los embarazos múltiples resultado de las técnicas de reproducción asistida son cada vez más frecuentes, y tienden a tener partos prematuros. ¿Cómo habrá sido para Leonardo quedarse solo después de haber crecido en compañía de su hermano durante 24 semanas? Ahora, aunque en el hospital, están felizmente sanos.

CARLOS GUTIERREZ

ALFREDO ARIAS

“LES BONNES”

Mise en scène: Alfredo Arias

Scénographie: Chloé Obolensky

Costumes: Chloé Obolensky

Lumières: Laurent Castaingt

Musique: Aldo Brizzi
Francis Poulenc

Interprétation:
Alfredo Arias
Laure Duthilleul
Marilù Marini

Assistanat à la mise en scène:
Marco Avogrado

Création le 7 mars 2001 Athénée – Théâtre Louis-Jouvet , Paris

NURIA ESPERT

“LAS CRIADAS”

Compañía:
NURIA ESPERT – ARMANDO MORENO

Intérpretes:
NURIA ESPERT
JULIETA SERRANO
MAYRATA O´WISIEDO

Dirección:
VÍCTOR GARCÍA

Estreno:
BARCELONA, 1969

LUIS BUÑUEL

Ya en su etapa mexicana Buñuel había rodado varias películas de producción francesa tras las elogiosas críticas europeas de” Ensayo de un crimen”, “Así es la aurora” o “La muerte en el jardín”.

Pero su verdadera reentrada en la cinematografía francesa se produjo en 1963 con “Diario de una camarera” (Le Journal d’une Femme de Chambre), adaptación de la novela de Octave Mirabeau.

YULIA TYMOSHENKO

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Yulia Tymoshenko, candidata a presidenta, cree ser la reencarnación de Eva Perón.

Yulia Volodimirivna Timoshenko, en ucraniano  Ю́лія Володи́мирівна Тимоше́нко, según una transliteración estricta Yúliya Volodýmyrivna Tymoshenko  nació en Dnipropetrovsk, Ucrania en 1960.

Fue primer ministra en dos ocasiones: 2005 y 2010,

Es líder del partido Bat’kivshchyna (Батьківщина, Patria).

Anteriormente, era una mujer de negocios exitosa en la industria del gas y pronto se convirtió en una de las personas más ricas en Ucrania.

Era una de las líderes más importantes de la Revolución Naranja,  que trajo al poder a Yúshchenko.

A pesar de la distancia espacio-temporal, ella está convencida de ser Evita.

Al parecer, como muchos otros políticos de Ucrania, la primer ministra y candidata presidencial le presta atención a la opinión de adivinos y videntes. Tal es así que, hace algunos años, un “especialista místico” comparó los años de nacimiento, la personalidad  y otros detalles íntimos para confirmarlo.

“Es la reencarnación de Eva Perón“, dijo Dmitry Vydrin, asesor cercano de Tymoshenko durante casi una década. “Ella lo cree y lo admite en su círculo íntimo“, agregó.

El 3 de marzo de 2010 fue destituida de su cargo de primera ministra por la Rada Suprema (Consejo Supremo del Parlamento), en una moción de censura a su Gobierno.

DIARIO DE UN LADRÓN

Fotografía de Joan Colom. Barrio Chino, Barcelona.

1932. España estaba cubierta entonces de vagabundos: sus mendigos iban de pueblo en pueblo, por Andalucía en razón de su buen clima; por Cataluña, de su riqueza, pero todo el país nos era favorable. Fui así un piojo con la conciencia de serlo. En Barcelona, frecuentábamos sobre todo la calle Mediodía y la del Carmen. Nos acostábamos a veces seis en un jergón sin sábanas y, al amanecer, íbamos a pordiosear por los mercados. Salíamos en banda del Barrio Chino y nos dispersábamos con un capacho bajo el brazo, pues las amas de casa nos daban más bien un puerro o un nabo que unos céntimos. A mediodía regresábamos y nos hacíamos la sopa con lo recaudado. Lo que voy a describir son los hábitos de la canalla.

Jean Genet

Caído en la abyección, Genet decidirá asumirla y convertirla en virtud suprema. La escala de valores de la sociedad biempensante no será la suya sino dándole la vuelta: lo vil se transmutará en noble y lo noble en vil. El proceso de subversión íntima iniciado en el antiguo Barrio Chino barcelonés será largo y accidentado, y se plasmará en la siguiente década en sus primeras obras poéticas y narrativas escritas en la cárcel parisiense de la Santé. El joven inclusero, mísero e indocumentado se consagrará al robo, la prostitución y la mendicidad en su anhelo de alcanzar la dureza empedernida del criminal con la misma entrega de quien se inicia en los arcanos de una creencia mística y de su áspero camino de perfección espiritual.

Los piojos, escribe en Diario del ladrón, eran el signo más visible de su indignidad, tan representativos de su condición de paria como las joyas que adornan a aristócratas y burgueses de la de su estatus de gente guapa. Los harapos y las llagas amorosamente cuidados para atraer la conmiseración mudarán en su fuero interior la vergüenza en gloria. El orgullo necesario para enfrentarse al desprecio ajeno, sólido y resistente como esa roca que parte la corriente de un río, se afianzará en su voluntad de envilecimiento: su patria será la chusma, y él su cronista y cantor.

Juan Goytisolo

MADAME

La envidia y el resentimiento no me tocan, ni siquiera me rozan.
Mi túnica de Fedra barre majestuosa el suelo que piso.
¡Así, desaparecen los sentimientos bajos!
Sólo me sientan las pasiones nobles.
Soy la Señora en sus vestidos,
en mis cinco envidias.

DIARIO DE UNA CAMARERA

con Jeanne Moreau. Dirección: Luis Buñuel

ORZUELO

No la imitaremos más.
Ya no basta ponernos sus vestidos,
jugar con sus joyas, sus cisnes.

Cuando la Señora se ausenta,
las insolentes tomamos sus galas,
copiamos sus mohines,
hurgamos en su altar.

Las sirvientas somos dignas de dormir atadas.

MATRIZ

Quién grita sobre la cruz, es un enano indefenso por la calle.

Aquella que muere feroz junto a sus hijos, es una simple muchacha con peluca.

Es aquí donde el reflejo cobra vida.

Inverso es el combate. La muerte versus el Teatro.
Y el espejo su único escenario.

EVA PERON DE COPI

Un vestidito colgando

PHLILIP GLASS

“The Hours”

PEDRO ARA

A las ocho de la mañana del 27 de julio de 1952, el cadáver de Evita era ya definitivamente incorruptible, pero aún quedaba vestirla, peinarla y devolverle la belleza a la que tenía acostumbrados a los argentinos.

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El doctor dejó pasar entonces a la modista, que durante toda aquella noche estuvo preparando el vestido color marfil que vestiría Evita, y al peluquero, Julio, que se presentó así ante el médico: “Profesor, yo soy don Julio. Conocí a la señora cuando era todavía una niña. Seguí su carrera, la acompañé siempre en las campañas artísticas de su primera juventud. Durante todos estos años de Gobierno tuve el honor de ser el primer visitante de la mañana, cuando aún no era de día. Nadie más que yo compuso sus peinados. La seguí en todos sus viajes. Fui a España con ella. Era una mujer extraordinaria… ¡Si yo le pudiera contar…”. Más de una hora empleó el peluquero en realizar el último peinado de Evita, no sin antes cortar un largo mechón de pelo que quería guardar la madre de Eva Duarte.

El médico estaba a punto de colocar entre las manos de Evita el rosario de plata y nácar que le regaló el Papa, cuando entró en la habitación una de las doncellas para cumplir uno de los deseos de su señora: “Doctor, ayer, poco antes de entrar en la agonía, me dijo la señora que en cuanto muriera le quitara el rojo de las uñas y se las dejara con brillo natural. ¿Puedo hacerlo, doctor?”.

Evita ya estaba lista para ser expuesta, pero quedaba un pequeño detalle. Según relató Pedro Ara, antes de que los funcionarios soldaran la parte metálica del féretro, introdujo por los huecos y entre las ropas de la fallecida gran cantidad de unos comprimidos de fuerte y característico olor. “¿Qué es eso, profesor, si se puede saber?”, preguntó el general Perón. El médico le explicó que aquello servía para expulsar el aire del interior del ataúd, sustituyéndolo por una atmósfera que hace imposible la vida de cualquier clase de microbios o de insectos. Perón continuó preguntando: “¿Cuánto tiempo se podrá conservar sin descomponerse?”. Y el doctor Ara siguió sacándole de dudas: “Si la dejáramos así, iría desecándose paulatinamente hasta la total momificación, pero es absolutamente imposible que se descomponga”.

Cadáver momificado de Pedro Ara-1953-55

Perón le hizo entonces partícipe a Pedro Ara de sus intenciones. Le dijo que, como el pueblo querría verla durante algunos días, tras la exposición de Evita la trasladarían a la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), donde instalarían un laboratorio para que el médico trabajara con el cuerpo de Evita hasta que el monumento estuviera terminado. Perón pretendía que Evita mantuviera un aspecto impecable por los restos de los restos, se tardase lo que se tardase y costase lo que costase.

El forense intentó disuadir al general Perón, conocedor de la inestabilidad política que vivía el país y sabiendo que la sede de la CGT era un centro de lucha social. No sirvió de nada, porque Perón fue contundente: “Mi mujer dispuso que sus restos mortales fueran depositados en la CGT hasta su traslado a la cripta del monumento, y yo voy a cumplir exactamente los deseos de mi esposa. No tiene usted más remedio que trabajar en la CGT. El ministro de Obras Públicas dispondrá la transformación de la parte de edificio que usted crea más adecuada para su laboratorio. Los hombres que en vida custodiaron a mi mujer están desde hoy a las órdenes de usted. Nadie se opondrá a lo que nosotros acordemos. Todos allí le ayudarán si usted los necesita, pues los obreros adoraban a mi mujer. No pasará nada, más si el destino nos reserva una catástrofe, mejor que sea allí, cumpliendo plenamente su voluntad”.

Aquí comenzaron los problemas de Pedro Ara, porque, sin saberlo, habría de convertirse en el perpetuo vigilante y responsable de Evita durante los siguientes tres años.

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THE MAIDS, 1975

Dirección: Christopher Miles

Glenda Jackson … Solange
Susannah York… Claire
Vivien Merchant… Madame
Mark Burns… Monsieur

EVITA VIVE

Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: “Tres días de suspensión, por bochinchera”. Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro… y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: “Veníte que para vos también alcanza”. Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: “Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?”. El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): “¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita”. “¿Evita?”–dije, yo no lo podía creer– . “¿Evita, vos?” –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. “Evita, querida” –ay, pensaba yo–”¿no querés un poco de cointreau?” (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). “No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?” “Ay, pero esperá”, le dije yo, “contame de dónde se conocen, por lo menos”. “De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África” (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) “¿Querés que te cuente cómo fue?” Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: “Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?”, pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: “Bueno, basta”, le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece… pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho “agotar la experiencia”, pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.

NÉSTOR PERLONGHER

CHRISTINE Y LEA PAPIN

“Los cadáveres de la Señora y la Señorita Lancelin yacían en el suelo espantosamente mutilados.
La Señorita estaba boca abajo, con la falda subida y la ropa interior baja. Tenía grandes heridas en los muslos.
La señora yacía boca arriba, con los ojos arrancados, sin boca ni dientes.
Las paredes estaban cubiertas de sangre.
En el suelo había huesos, dientes arrancados, un ojo, horquillas, botones y un llavero”.

2 de febrero de 1933

JEANNE MOREAU

“QUERELLE”


LE CONDAMNÉ A MORT

RAPH WALDO EMERSON

“Cometés un crimen y la tierra se vuelve de cristal.
Cometés un crimen y manto de nieve se tiende en el suelo,
semejante al que en el bosque descubre las huellas de la perdiz,
de la zorra, de la ardilla, del topo.

Es imposible que una palabra dicha no haya sido modulada.
Imposible borrar la marca de los pasos,
imposible retirar la escalera.
Imposible no dejar tras de sí ningún indicio…
ninguna pista”.

ALESSIO ARENA

Canción para Jean Genet

ROBERT LOUIS STEVENSON

 

“El hombre no es verdad uno, sino dos.

Y digo dos, porque el estado de mi conocimiento no pasa de este punto.

Otros seguirán, otros me superarán en algún momento en la misma dirección,

y me atrevo a imaginar que el hombre será finalmente conocido por ser una mera comunidad de multifacéticos,

incongruentes e independientes ciudadanos”.

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

EVA PERÓN

“Aquél día derrotamos a la oligarquía.

Pero hoy, yo le tengo más miedo al espíritu oligarca que está dentro de nosotros,

que al que vencimos en aquél 17”.

17 de octubre de 1951

LEWIS CARROLL

 “El cristal del espejo se estaba disolviendo, deshaciéndose entre las manos de Alicia,

como si fuera una bruma plateada y brillante.

Un instante más, y Alicia había pasado a través del cristal

y saltaba con ligereza dentro del cuarto del espejo”.

ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO

MUSEO GAY DE BERLÍN

LOUISE BOURGEOIS

“Si Louise Bourgeois se consideró una arqueóloga –escribió Elizabeth Bronfen para la muestra de la Fundación Proa–, si excavó incansablemente su pasado para descubrir la fuente de una angustia constante, una de sus fantasías más pertinaces gira en torno a la escena del crimen doméstico”.

WWW.PROA.ORG

REINCIDENTE

DIRECCIÓN

DOS VESTUARIOS

Sólo una máscara que ha corroído la carne.
Un máscara que ha asumido la carne puede hacer una confesión”.

YUKIO MISHIMA, “Confesiones de una máscara”

GENET Y SARTRE

DIE ZOFEN

QUERELLE POR ANDY WARHOL

“Querelle me provocó una calentura que me duró todo el día”.

DAVID BOWIE

The Jean Genie

JEAN GENET