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GENET, LA MUERTE Y SU FÁBULA PERONISTA

LADRÓN

“La muerte no se parece a nadie” se parece mucho a Jean Genet. Y por frecuentarlo, me han brotado guantes. Guantes de ladrón, daré por avisado.

Ni una sola palabra pertenece a la fuente. ¿Pero quién será tan flojo para no admitirla?

Dos mucamas planean matar a su patrona. El puente es inexorable.

Alojo iniciales que no me son propias. Y obligarme al antifaz, provocó que marchara con todo al aire. La insolencia trajo presencia, y la sangre llegó a la pluma.

Si Genet fuera por una hora argentino. Prevengo. No hablo de permisos, sino de crimen. De usurpación.

¿Quién supone la gloria, sino un infesto? Le he robado a Jean Genet.

PÚBLICO

Bajo el concepto de que la muerte adquiere el rostro de quién la alcanza. Y que no es uno, sino cientos, millones los rasgos de esa suerte inexorable, decidimos, que precisamente sea LA MUERTE, quien viva nuestra historia.

Inútil resulta adjudicarle facciones singulares, exclusivas. Imposible asir la verdad. Separar la llama del fuego.

La muerte muta cada vez. Renace con cada difunto, para morir con él.

Es un reflejo. (De allí la inserción del espejo en el afiche del espectáculo.)

El coronado personaje repite silueta y potestad en todos los partícipes. Será eje, razón, y campo gravitacional en nuestra pieza.

PROTAGONISTA

Porque en un solo cuerpo habitan los dos extremos. La muchacha con valija de cartón llegando huérfana desde Junín, junto con la dama envuelta en las alas furiosas de algún diseñador.

La historia: Olor a bosta y chiquero y el verano interminable como la Pampa. Desperdiciadas ambas: mujer y tierra. Una edad plagada por siestas y radionovelas.

La escalada: Buenos Aires, y los milicos. Ayudantes de braguetas, el tango, las guitarras, los rizos de oro. Y la primera portada.

Un sindicato, y el estallido. El rodete, y por fin: el poderío.

Las estructuras. Los edificios. Los hospitales. La hormiga es coronada.

-“¡Y la heladera!” – “Si hasta el Papa la nombró” El pan dulce, los billetes. Las muletas Es una Santa.

La Argentina brilla. La maravilla.

Y los contra perforando como un cáncer.

Los rayos y las enaguas. El último saludo, la misa de las velas, los visones apilados, la momia.

Una estampita en la hoguera de los pobres. ¡Qué desilusión tan grande ha sido morir!, y qué ingrato el invierno, nos cobró la euforia.

Aquí la intersección. Aquí el giro, el cambio de vía.

Enmudecido el reloj: impartimos el cambio la conducta, el secreto.

Aquí, Clara y Soledad afilan sus envidias, duplican su ceguera. La admiración es un veneno. Talco en los ojos.

No fue el cáncer quien la derribó. La Historia es un eslabón de nuestro invento. Dos sirvientas planean el asesinato de Eva Perón.

se supo

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El Doctor Sveda en el CCRecoleta, Bafici.